![]() |
| Foto: Tomasz Mikolajczyk. |
Llevo algunos meses pensando en cómo hubiera sido mi adolescencia de haber tenido móvil. Pregunté en un grupo de whatsapp de amigos y los que contestaron estaban conmigo, muy (o bastante) diferente.
Hablo de tener móvil con acceso a internet, claro está. Solo se me ocurren ventajas. Desde prolongar las interminables conversaciones amiguetiles o iniciar otras impensables para alguien muy tímido al inmenso acceso informativo (música, noticias, cine, revistas…) o de ocio (fotos, juegos, redes…).
Que también hubiera tenido algún aspecto negativo, seguramente. Le hubiera quitado tiempo a otras cosas como leer o podría haber afectado al rendimiento lectivo. No sé, además, si el móvil hubiera condicionado el adulto que soy hoy. De lo que no tengo duda es de que nuestros padres, profesores… nos criticarían por pasar demasiado tiempo enganchados a él. Sí, este párrafo tiene una doble lectura.
Como me gusta compartir mis obsesioncitas, le he preguntado a tres personas cercanas sobre el tema. Aquí van sus respuestas:
Ferran Toledo tiene 54 años y recuerda que cuando estuvo en Tokio las navidades de 2010, “lo que más me llamó la atención fue que todo el mundo iba mirando su teléfono y que se podían consultar cosas por allí. Obviamente, ahora ya no me llama la atención porque yo soy uno de esos individuos. Uso el móvil para comunicarme, para leer el periódico, para trabajar, para consultar cualquier cosa y para entretenerme. A mi juicio, demasiado. Hay épocas en las que me siento que soy adicto y no me gusto nada”.
Su adolescencia con móvil, piensa, que hubiera sido “radicalmente diferente. Las redes sociales y la comunicación instantánea por un lado nos acerca y por otro nos aleja mucho más de lo que me gustaría. Sin móvil no hacía falta grupos de whatsaap infinitos para quedar a cenar. En los transportes públicos ¡¡¡se leía!!! e incluso se conversaba. Yo, que soy un malalt de música, llegaba a todo aquello que me gustaba a través de revistas, amigos, radio o, sobre todo, los carteles de conciertos. Eso me permitía caminar sin mirar pantallas, observando la ciudad y todo lo que me rodeaba. Y las relaciones sociales hubieran sido infinitamente diferentes. Las pantallas nos parapetan y nos “ayudan” a ser “diferentes”. Me considero un “animal social” y mi fuerte es el cara a cara”.
Sonia M tiene 58 años y reconoce que “usa el móvil bastante. Para consultar mail, whatsapp, leer noticias, hacer compras y buscar información en redes sociales”. Sobre cómo hubiera sido su adolescencia con un smartphone tiene muy claro que “muy divertida y tendríamos unos documentos gráficos increíbles, también hubiese facilitado la elaboración de trabajos escolares sin depender de la típica enciclopedia. Por lo demás, no hay problema porque podíamos llamar en la calle desde las cabinas telefónicas”.
L. Martínez Campos tiene 68 años, “con esta edad, ni por asomo nos imaginábamos que íbamos a llevar un teléfono en el bolso. Aunque el Superagente 086 lo llevaba en un zapato. Ya era una señal a la que no hicimos caso”. Hoy en día lo utiliza “a todas horas, para todo, cual adolescente. Mirar el correo, usar whatsapp, leer la prensa y utilizar las redes, sobre todo instagram. No me gusta tik tok, es para muy jóvenes, y cotilleo X alguna vez. Me gusta poco facebook, pero también lo cotilleo. Uso mucho google, también será la edad. Me fascina la inmediatez para tener la información que necesitas de lo que sea. Pero selecciono mucho. Paso de la IA, por ahora. Aunque tengo mucha curiosidad”.
Sobre su adolescencia con móvil no tiene ninguna duda de que “claro que hubiese sido distinta. Pero si miro atrás, aquella niña no necesitaba móvil. Nos organizábamos de otra manera y estaba bien también. Evidentemente es más práctico ahora. Y eso también es bien. No pierdes mucho el tiempo. Pero me hace ir acelerada y eso es mal. Y, a veces, me abruma tanta información. Y hago descansos de las redes por unos días No sé. Nunca se nos ocurrió que, ojalá, tuviésemos un teléfono para quedar o poder hablar en cualquier sitio. Llamabas cuando estabas en casa, quedabas y a partir de ahí ya no sabías cómo iba a salir aquello. Era una aventura. Y esto era bien. Pero vamos, ahora, si pierdo el móvil me da un patatús”.
Por supuesto, estaré encantado de saber vuestra opinión a través del mail.
pd- Me gusta comprobar que no soy el único que se pregunta por cómo le hubieran afectado cosas actuales a su yo adolescente. Eugenio Viñas, en su muy recomendable newsletter Días mejores, se preguntaba el domingo pasado qué hubiera ocurrido si en su adolescencia hubiera tenido la opción de tener una relación con un robot.
