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| Ignacio Garibaldi. |
Ignacio Sánchez (Madrid, 1963) es una de esas (buenas) personas que te alegras de haber conocido. Generoso, curioso por lo que le apasiona, de excelente gusto musical, afable, tranquilo e inquieto, educado, gran conversador, noble, sin afán de protagonismo, con estupenda memoria, un marcado compromiso social y un sentido del humor muy agudo
Veterinario de profesión; el doble vinilo Aloha from Hawaii, de Elvis Presley, fue el primer disco que compró; y se ha puesto detrás de los micrófonos en los programas de radio Música moderna (imprescindible) y Minibólidos musicales (donde une las canciones a otra de sus pasiones, el slot).
Pero si está hoy, aquí, en naino, es por ser el responsable de Discos Garibaldi, posiblemente el mejor sello del mundo.
Nacido hace ahora quince años, solo publica siete pulgadas. Si bien ha colaborado también en la edición de discos grandes como Sol, de Ataque de Caspa; El material, de Primogénito López; Orgullos y vergüenzas, de Casatriste; y Al Ghorba, de Rachid B (este último como Discos Centeneros, proyecto junto a Sergio Lemaris y César Dos Santos que esperemos nos dé más alegrías en el futuro).
Las quince referencias de Garibaldi (Emilio José, Doble Pletina, Windsurfing, Miguelito Nubesnegras en dos ocasiones, Los Pijamas, La Estrella de David, José Ignacio Martorell, Estrella Fugaz, Puzzles y Dragones / Alborotador Gomasio, Caliza, Hazte Lapón, Lento y las Centellas, Corazón + Pablo Prisma, Anti) no se ajustan a un solo estilo musical, si bien todas coinciden en albergar grandes canciones. Y tal vez sea ese punto en común lo que acaba dando personalidad al sello, las canciones, las buenas canciones.
¿Cómo surgió la idea de montar un sello y por qué solo singles?
Pues una pequeña herencia tras el fallecimiento de mi padre se estaba gastando en filetes para la familia y pensé que no podía ser tan efímera y tenía que hacer algo que perdurara en el tiempo. Y hablé con Emilio José…. El tema 7” me hace revivir cuando empecé a amar la música pop, había muchos singles en casa, todos de música pop y algo de flamenco. También algo de admiración a la pasión anglosajona por consumir singles desaforadamente.
¿Por qué Garibaldi como nombre?
Una historia larga. Un amigo de Barcelona me comentó que las tiras de fósforos o rascas se llamaban por allí mistos o cerillas Garibaldi. Es un objeto de kiosko de mi infancia por el que tengo verdadera devoción/obsesión. Y empecé a utilizar el nick Cerillas Garibaldi en mi vida virtual.
Se cumplen ahora quince años de la primera referencia, el disco de Emilio José. ¿Qué balance haces si echas la vista atrás? ¿Y qué ves si la echas hacia adelante?
Hacia atrás nada más que alegrías, conocer mucha gente y la amistad con muchos artistas es un regalo maravilloso. Hacia adelante la verdad es que no veo nada.
¿Qué criterio has seguido para publicar los discos?
El único criterio es que me cautive el artista, como persona y como músico. Las canciones las eligen ellos libremente sin cortapisas. Salvo una indicación de una amiga sobre un artista, siempre he tomado la iniciativa.
Quince referencias lleva el sello. Todo producción nacional, menos el maravilloso single de los daneses Windsurfing. ¿Cómo te aventuraste a publicarlo? ¿Por qué ya no repetiste con ningún otro grupo de fuera?
La canción me embaucó y no dudé en escribir a Caspar. Fueron todo facilidades. Es una maravilla de single, irrepetible. Surgieron un par de cosas en Argentina, con La Ola que quería ser Chau y con La Calesita pero en ambos casos coincidieron momentos de desánimo con cierta dificultad para explicar lo que significa un 7” de vinilo en un mercado tan distinto y mucho más joven.
El catálogo es una magnífica panorámica de la música independiente más interesante de este país en los últimos años (de la que en algunos casos, de no ser por Garibaldi, no quedaría testimonio en soporte físico). Solo hay un disco que escapa de esa franja de tiempo, el de Los Pijamas, un grupo madrileño de los 80. ¿Por qué esta excepción? ¿Te unía algo especial al grupo para esta estupenda labor de arqueología musical realizada?
Fue una aventura en la que participé brevemente allá por el año 80. El grupo del barrio. Todo fue muy rápido, llegaron a tocar en el Marquee o en el Ramiro de Maeztu con Aviador Dro, entre otros. Pero un accidente acabó con todo al fallecer Pepón, uno de los guitarristas. Siempre tuve en mente editar aquellas canciones tan bisoñas pero no había una maqueta en condiciones, ya que la única se mandó a Jesús Ordovás y no era proclive a devolverla 30 años después. Pero hace ya unos 10, falleció Tato, el bajista, y decidí tirar con una cinta de casete que se había grabado a pelo durante un ensayo, era lo único que quedaba de todo aquello, pero el homenaje merecía la pena.
Llama la atención como hay algunos momentos en que no editas nada (2012, 2014-2015, 2017-2018, 2020, 2022-2024) y especialmente un año (2019) en el que sale casi la mitad del catálogo. ¿Consecuencia de que Garibaldi sea un sello unipersonal al que le acaba afectando todo lo que vives relacionado con la música?
Por supuesto, momentos de gran ilusión y épocas de desánimo. El 2019 fue muy fructífero porque acudí a muchos conciertos de la escena local y la euforia de la música y la noche me llevaba a ofrecer singles a artistas con los que coincidía. Los compis de Discos Centeneros te lo explicarían mucho mejor que yo.
Solo repite un artista en el catálogo de Garibaldi: Miguelito Nubesnegras. ¿Por qué esa excepción?
No tenía la intención de repetir, pero Miguel es un ser excepcional y cuando le conoces un poco me parece, no sólo justificada, sino necesaria la excepción.
¿Alguna asignatura pendiente? ¿Algún grupo o artista que no hayas podido publicar y te gustaría?
No, la verdad es que no tengo nada pendiente. Me hubiera gustado publicar en 7” el Para ti, de Paraíso. Estuve hablado con los protagonistas pero Sony puso un canon inviable para sacar 300 copias en vinilo. La otra opción era Lollipop, pero me cansé de hablar con ellos, se ve que no querían.
