Le mando un mail a la música, poeta y profesora de Lengua y Literatura Carolina Otero (València, 1977). Le propongo inaugurar una nueva sección, “En tres tiempos”, donde hablar de su pasado, su presente y su futuro creativos. Contesta que sí. Ahí lo tenéis:
La Carolina del pasado
Sin duda, me quedaría con la Carolina más ilusionada, que puede corresponderse con dos momentos. Uno de ellos fue cuando en 1997 gané el premio Sargantas de poesía (Chiva), mediante el cual se publicó mi primer poemario (Versos para un hombre de pero en pecho). Yo, por entonces, deseaba publicar como si no hubiera un mañana, tenía la letra en la vena. Recuerdo que lloré emocionadísima al comunicármelo el jurado y, siempre que lo rememoro, me imagino que lo hice como lloran las Miss Universo. El otro momento bello y emocionante fue cuando decidí montar la banda, para sacar mis propias canciones (por eso aparecía mi nombre, como acto reivindicativo). Tuve la suerte de juntarme por entonces con Ramón (Hi-Lo Ray) en su cueva, en Alcoy, y grabar con él mismo, José Montoro y Nick Simpson las primeras maquetas de Carolina Otero & The Someone Elses, que saldrían con el arte de Paula Bonet. Sería el año 2009.
La Carolina del presente
En la actualidad, tengo dos grandes proyectos en movimiento. El primero es el libro El día que dejamos de ver porno, que acaba de salir con la editorial Hiperión. Este poemario me ha traído una gran ilusión, pues viene acompañado del Premio de Poesía València (Alfons El Magnànim 2025). El galardón me hace feliz por lo que tiene de reconocimiento, la posibilidad de acercarme a nuevas y nuevos lectoras/es y la de estar en el catálogo de la editorial con la que han ido madurando mis gustos literarios desde la universidad. En Hiperión he leído a Sylvia Plath y a Miriam Reyes, por ejemplo.
El segundo proyecto es musical. Este verano hemos vuelto al estudio de Paco Loco para grabar el nuevo disco, Lilith lo sabe. Se trata de un álbum combativo y, de hecho, va paralelo a los compromisos (político y estético) del poemario que he citado. En ambos hay una toma de conciencia y atrás quedan las canciones de amor, que están bien, pero que son muchas en el reino de la música popular.
La Carolina del futuro
El futuro parece que no existe y yo, últimamente, estoy excesivamente existencialista, así que me conformo con que mi presente esté siempre lleno de creatividad. Una vez muy concreta la perdí, durante la pandemia, y no quería ni tocar una guitarra; esa no era mi esencia. Todo esto no significa que lo que haga en ese presente/porvenir lo acabe mostrando. Es probable que en un futuro deje de exponer mi escritura y mi música si ya no le encuentro aliciente (es un hecho que cuesta armarse una gira en ambos mundos, por ejemplo, y eso mina, junto a las críticas edadistas que señalan que soy muy mayor para estar en el mundo del arte activamente). Siempre, siempre, me veré a mí misma haciendo, esa es mi consigna de vida: hacer. Aunque sea pintar piedras.
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Más Carolina Otero en Casa en la periferia.
