siempre tortilla

 

Foto: Rafa Rodríguez.

La semana pasada almorcé tortilla de patatas tres días seguidos. El lunes con Alberto cerca de Mestalla. El martes con Clara y Armand al lado del Mercat Central. El jueves con Eva una del Luna. Siempre medio bocadillo y sin nada más. Mi teoría es que la tortilla de patatas buena no necesita acompañamiento, se defiende solita.

Siento adoración, por si alguien no se había dado cuenta aún, por la tortilla. No solo por su sabor, sino por su (al menos aparente) sencillez. Patatas, huevos, aceite (sal quien quiera) y ya. Es la perfección absoluta. No hace falta nada más. Bueno, sí, alguien que la sepa hacer… bien.

Receta burguesa y proletaria al mismo tiempo, dice José Carlos Capel en el libro Homenaje a la tortilla de patatas. Apunta, unas páginas más adelante, el cocinero Andoni Luis Aduriz, que es un plato que se puede comer “templado, casi frío y casi caliente, recién hecho o del día anterior”. Lo más parecido a un buen amigo que siempre está disponible.

Puede que por su carácter asequible no se trata a la tortilla de patatas como merece. Es algo que suele ocurrir en otros ámbitos de nuestra sociedad. Lo sencillo (que no simple) y lo cercano lo tenemos tan a mano que solo cuando lo perdemos lo lamentamos.