resiste el papel

 

Foto: Rafa Rodríguez.

La prensa diaria en papel agoniza. Pero, curiosamente, la gente sigue optando por ese soporte para seguir informándose.

Los folletos de los supermercados (o cualquier otra publicidad) son el mejor ejemplo. A pesar de estar disponibles digitalmente en webs o apps, mucha gente (yo entre ellos) prefiere el método tradicional. Y es algo que no pasa desapercibido a los negocios.

Rossmann apostó cuando abrió en València por publicidad en marquesinas del autobús. Hace unos meses se pasó al papel y al buzoneo.

Aldi, seguramente al comprobar que los clientes preguntaban, en la caja, por el folleto cuando no quedaban (se agotan casi todas las semanas y reponen), decidió distribuirlos por las casas.

Consum (siguiendo una estela ya clásica del Fnac) empezó a incluir consejos y recetas (estas ahora a través de un código QR) sobre productos que venden por parte de sus trabajadores.

Que durante los primeros días el catálogo de juguetes navideños de El Corte Inglés solo se consiga pidiéndolo en caja dice mucho sobre su demanda.

Habrá quien apunte que su “éxito” viene condicionado por la edad de quienes se los llevan, porque son gratis y porque activan nuestros estímulos consumistas. No sé. Esto es simplemente una reflexión fruto de la observación. Aunque, el tema generacional con el papel creo que ya quedó superado hace tiempo. Y la gratuidad y la invitación al consumismo interactúan entre sí eliminando sus argumentos. Tal vez es que el problema no sea el papel, sino el contenido, o su enfoque. Alguien debería darle una vuelta, aunque estemos en los minutos de descuento de la prórroga.