![]() |
| Luna Valle. Foto: Mireia Ribes. |
Luna Valle compone canciones (“porque no sé hacer otra cosa”), escribe (en septiembre estrenó He besado pocas bocas, su primera obra de teatro, dirigida por Candela Herrero) y agita València culturalmente desde Okuparte, entre otras muchas iniciativas. “El 24 de octubre inauguramos Catástrofe, un nuevo espacio cultural en la calle Carniceros, abierto a invasores y propuestas. Y sigo intentando explorar más lenguajes musicales en Ombligo, un proyecto de talleres musicales para reivindicar las experiencias y los conocimientos de las mujeres en la industria musical”. Nadie mejor que ella podía contestar esta pregunta:
¿Qué es lo más complicado, en el mundo de la cultura y de la creación, a lo que tiene que enfrentarse una persona joven?
La creación cultural esconde trampas. Como si crear fuera inocente, inofensivo, inocuo. Como si crear no fuera violento, peligroso. La lucha, la reconciliación, la pelea viene en el proceso de equilibrar y estabilizar nuestras creaciones con eso que llamamos “trabajo”. Nosotras trabajamos. Curramos. No solo creamos. Gestionamos nuestras ideas, las potenciamos, las materializamos, las administramos. Si existiera el verbo del sustantivo burocracia lo conjugaría. Creamos desde la intuición. Desde los empujones, desde los caminos. Pero, ¿cómo confiar en nuestra ilusión y en nuestras propias ideas mientras buscamos financiación, dinero, estructuras dignas que sostengan nuestro trabajo, dignidad laboral, respeto, resultados...? Lo más complicado para las trabajadoras culturales jóvenes y emergentes es justamente eso. Convertir nuestras ideas en nuestro sustento sin apoyo institucional.
