una pregunta para Daga Voladora

 


Cristina Plaza hace canciones como quien hace un buen pan. Con cuidado, mimo y oficio. Fue, por ejemplo, parte de Clovis y estuvo en Los Eterno. Pero su proyecto que más me gusta es Daga Voladora. La conocí con el disco Primer segundo (2017), flechazo total, la de veces que he escuchado ese cd. El año pasado publicó uno de los álbumes de 2024, Los manantiales. Lo presentó en abril en el Centro Excursionista, en un concierto que hubiera rebobinado varias veces para que no se acabara.

Decir que tiene un universo propio, puede sonar a tópico, pero ¿quién no querría vivir en su “Cristinópolis”? Actualmente está “haciendo y grabando canciones y mi proyecto futuro es publicarlas en algún momento del año que viene. Ojalá”. Hasta entonces puedes leerla en su imprescindible newsletter Siesta en la pagoda.

No hay ninguna duda de que ella era la persona ideal para contestar nuestra pregunta:

¿Qué tiene que tener una buena canción?

Una buena canción tiene que producir en ti una sensación potente – exceptuando el asco – bien a través de las palabras, o de una sucesión concreta de acordes. Como lo que mueve por dentro a cada persona es diferente, nunca habrá consenso en qué es Una Buena Canción. Así que solo puedo hablar de lo que tiene que tener una canción para que a mí me parezca buena:

Lo más obvio: tiene que ser inmortal; que la escuches a lo largo de tu vida y nunca te canses de hacerlo, que la canción nunca se agote. Es eterna porque siempre acierta en una diana que llevamos dentro, y apela a nuestros sentimientos, que también son eternos. Las canciones buenas consiguen que nos identifiquemos con ellas (a veces incluso aunque no tengamos ni la más remota idea de lo que quieren decir). Tienen que revelar un rasgo de la personalidad de quien las escribe, o de quien las interpreta. Aunque el motivo de la canción se haya mencionado miles de veces a lo largo de la historia, una buena canción lo hace con un enfoque particular – di NO a las generalidades.

En realidad, si supiera lo que tiene que tener una buena canción, no tendría más que canciones buenas en todos mis discos. Sería como quien domina el truco para hacer aviones de papel que vuelen eternamente. (Y sin embargo… aquí seguimos; doblando un folio por la mitad y luego por las esquinas, con la esperanza de que, al lanzarlo, corte el aire y no vaya a parar a los miles de montañas de cientos de aviones de papel estrellados contra el suelo del mundo musical). Pero hay una cosa que sí sé, y es que tiene que ser redonda, que todo encaje. Cuatro acordes mejor que cinco; tres mejor que cuatro. Una buena canción huye de las rimas obvias y previsibles, y a la vez fluye de una forma natural y sencilla. Una canción simple te deja indiferente; una canción sencilla es una canción buena, casi seguro. La sencillez es lo más difícil de alcanzar.