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| Rachid B. Foto: David Pérez. |
Rachid B (la B es de Bahri, su apellido) se considera de Asilah, ciudad del norte de Marruecos, “a la que le debo todo, un sitio fascinante y lleno de arte, aunque haya nacido en el sur del país, donde residen mis orígenes”. En el año 2000 consigue un visado artístico para participar en una feria de arte en Francia (además de músico es pintor), “y en esa etapa conozco a María, ella fue el motivo de instalarme en Madrid”.
Allí ha grabado un maravilloso disco autobiográfico, El Ghorba, editado en vinilo por la recién nacida Discos Centeneros y con producción de David Rodríguez (Beef, La Estrella de David).
Recogido y expansivo a la vez, mantiene el equilibrio perfecto entre unas melodías preciosas y (en ocasiones) muy luminosas y por otro unas letras llenas de tristeza y nostalgia por la vida perdida (”Baiiid”) y por la realidad encontrada en su nuevo destino (”Khedma”), aunque también hay lugar para la esperanza. “Una exploración íntima y honesta de lo que significa vivir lejos de casa”, le gusta definirlo. Mediterráneo en el sentido más amplio del significado, sin olvidar las enseñanzas melódicas anglosajonas.
Varias canciones de El Ghorba aparecieron en un disco tuyo anterior, Kitab Al Aghani, donde contaste con la colaboración de Xisco Rojo (en el disco nuevo se mantiene una, “Al Amazigh”, de aquella grabación). ¿Qué recuerdas de ese álbum?
A Xisco le conocí a través de un luthier del barrio. Grabamos el disco al final de la pandemia y eso le da otro carácter. Disfruté mucho el proceso de grabación, el estudio era muy acogedor y, siempre, antes de grabar, conversábamos e intercambiábamos ideas. Fue una experiencia increíble. Siempre formará parte de mi biografía musical, aunque no se editara en formato físico. Lo relevante es que hicimos un trabajo fantástico y lo disfrutamos.
Algunas de aquellas canciones que has recuperado aparecen en este nuevo disco con algunos cambios significativos (por ejemplo, “Al Omm” pasa de ser una delicada pieza de folk-pop a un precioso reggae o “Al Ghorba” adquiere tintes electrónicos con una intro nueva maravillosa). ¿Por qué has tenido la necesidad de volver a grabar esas canciones? ¿Cómo fue el trabajo de y con David Rodríguez?
Soy fan y amigo de David, y cuando llegó la oportunidad, le ofrecí participar en El Ghorba. Empezamos a quedar para grabar y al principio me costó, porque tenía que acoplarme a la producción de David, después de haberlo realizado con Xisco.
David es muy meticuloso, muy intuitivo, en la grabación. Tiene mucha experiencia, pilla muy rápido lo que quieres. Para mí ha sido una pasada trabajar con él.
En El Ghorba de David la producción tiene un protagonismo brutal. Le ha dado otro color, porque en el fondo la voz y la melodía siguen siendo las mismas del disco con Xisco. Soy muy afortunado por haber contado con los dos, mi trabajo adquiere más relevancia visto por diferentes productores.
En El Ghorba hay cierto equilibrio entre las sonoridades. No olvidas tus orígenes, hay mucho mediterráneo, pero no renuncias a las influencias anglosajonas, en una combinación que confiere al disco un estilo muy personal. ¿Se parecen el Rachid que compone al Rachid que escucha música?
Efectivamente, el Rachid que compone es un reflejo fiel del Rachid que escucha. No concibo una faceta sin la otra. Mi proceso creativo es como una cocina donde los ingredientes son todos esos sonidos que han habitado en mí a lo largo de los años. Cuando escribo una canción, no hay un cálculo premeditado del tipo “voy a poner un 40% de esto y un 60% de lo otro”. Es un acto más intuitivo y visceral donde todas esas influencias se mezclan de forma natural, casi orgánica.
Es esa dieta sonora constante la que, de manera inconsciente, termina filtrándose en las canciones. La mezcla de la que hablas no es una estrategia, sino la consecuencia natural de ser quien soy: alguien con un pie en las raíces mediterráneas y el otro en la cultura anglosajona.
¿Qué grupos o músicos crees que te influyeron y están presentes, de alguna manera, en las canciones del disco?
Es difícil hacer una lista exhaustiva porque serían cientos, pero sí puedo destacar algunos pilares que siento especialmente presentes en el álbum como Leonard Cohen, Serrat, Bob Marley, Cat Stevens, el blues afro…
Es un disco muy cuidado, con muchos detalles y arreglos, en el que parece que nada es casual (ni siquiera esa última pieza instrumental que no llega al medio minuto, “Nihaya”, que parece como una transición entre lo que ha sido tu vida hasta ahora y lo que va a venir), ¿cómo vas a trasladar todo eso a los directos?
Efectivamente, “Nihaya” funciona exactamente como dices. Es ese puente simbólico entre etapas. Respecto a llevar al directo un disco tan trabajado en estudio como este, siempre es un desafío fascinante. La idea es reinterpretar algunos arreglos para que respiren en vivo, manteniendo la esencia; combinar bases pregrabadas con instrumentación en tiempo real; incluir a David en varias fechas para mantener esa complicidad creativa que tuvimos en el estudio. De momento, estoy realizando actuaciones en acústico, voz y guitarra como protagonistas, que tienen mucha alma y es un formato que, personalmente, me parece muy interesante.
