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| Borja Coquillat. Foto: Carmen Jiménez. |
Borja Coquillat es el Pablo Aimar del periodismo valenciano. Tiene un gusto exquisito, escribe muy bien y siempre sorprende. Mueve las teclas en ese milagro musical que es la revista digital Atonal, que con excelente criterio edita y dirige. Le pedí que escribiera una carta a alguien que admirara y eligió a Miles Davis:
Cuando tú ya habías muerto, en 1991, yo apenas tenía quince años y bastante lío (entre la efervescencia acneica y la invasión del grunge en la MTV) como para descubrir músicas de otros mundos. Pasaron décadas hasta que en 2019, en una entrevista, un músico me dijo con gesto serio: “Hace falta que aparezca un nuevo Miles Davis”. Yo, que nací en 1976 y que siempre he tenido mis dudas sobre las comparaciones, me limité a escuchar. Con los años me convenzo de que no lo veo nada claro: la música avanza, los usos cambian y no son peores, solo distintos. Hoy la gente ya casi no escucha discos enteros, o se refugia en el rito del vinilo y la aguja con devoción casi litúrgica; incluso hay canciones facturadas por la IA que pretenden suplantar la creatividad humana. En medio de todo eso, pienso que no hace falta que aparezca un nuevo Miles Davis: lo importante es no olvidarte a ti, ni a quienes supieron permanecer impermeables a los dictados de la moda, de los gurús de la industria o de las obsesiones del algoritmo. Por eso te escribo, para darte las gracias. Gracias por haber trazado un camino tan sinuoso como necesario, por recordarnos que la música no es un lugar fijo sino un territorio en continua transformación, y porque tu huella, más que un ejercicio de nostalgia, es brújula para quienes aún escuchamos con atención.
