los 400 rockdeluxes

 


La revista Rockdelux celebra sus 400 números en papel con un buffet libre de listas con los mejores discos de lo que llevamos de siglo XXI (hasta 2024). Una en el apartado nacional y hasta ocho (por estilos) en el internacional.

Las listas de RDL (todas las listas en general, pero estas un poco más) siempre han despertado mucho debate e incluso ataques hacia la publicación. En algunos casos con cierta dualidad, porque mientras se les acusaba de cierto elitismo o presunta modernez, al mismo tiempo también se criticaba cuando aparecían en ellas propuestas más mainstream (Billie Eilish, Rosalía...) o populares (Rebeca, Luis Fonsi + Daddy Yankee, Bad Bunny...).

En el nº200 (octubre 2002) de Rockdelux se publicó una magnífica y divertida historieta (de Juanjo Sáez y Pepo Pérez) sobre cómo se elaboraban esas listas (y cómo reaccionaban los lectores a las mismas). En ella, Santi Carrillo, director de la revista, elegía un disco de Milikito como mejor del año. Más allá de la ironía de las viñetas, ¿cómo se vive desde dentro la elaboración de las listas? ¿en qué grado son conscientes de que determinadas elecciones van a tener una acogida concreta?

El propio Carrillo responde: “La verdad es que no pensamos en la posible reacción de los lectores. Ni para bien ni para mal. No hacemos las listas para contentar o disgustar a nadie. Son el resultado de lo que creemos más conveniente en cada momento. Y aunque puede que se haya convertido en un tópico entre algunos de nuestros seguidores más fieles o entre algunos de nuestros enemigos más graciosos, lo cierto es que no están hechas para epatar. Es el resultado de las votaciones de nuestros colaboradores, de muy amplio gusto y formación en sus respectivos backgrounds; de ahí que surjan cosas a veces inesperadas que puedan desconcertar a algunos. Pero ese conocimiento multiestilístico solo demuestra la apertura de miras y la falta de prejuicios que caracterizan una publicación con personalidad, algo que siempre hemos pretendido inculcar a nuestros lectores a través de una línea editorial abierta y, por supuesto, nada reaccionaria ni retro. Nuestra aspiración es vivir el presente conociendo el pasado para intuir el futuro”.

En este número 400 la decisión de dividir el apartado internacional por géneros o estilos refleja mejor lo que ha sido (y es) RDL. Precisamente, en el Especial 30 Aniversario (nº 333, noviembre 2014), Carrillo escribía que en 1986 "abrirse a todo tipo de músicas fue la consigna a seguir" por la revista.

Aunque a lo largo de todos estos años ha sido algo palpable a través de portadas, entrevistas, críticas de discos o conciertos, listas de lo mejor del año..., esta decisión de publicar varias listas por estilos en este último número refuerza ese carácter abierto. ¿Ha habido algo intencionado en ello? ¿Por qué crees que no se había hecho antes?

A lo largo de la historia de Rockdelux hemos hecho tantas listas posibles que, esta vez, buscamos la posibilidad de hacerlo diferente. Fue una idea que surgió de Gemma Alberich, la diseñadora. De este modo iban a tener más cabida discos que se habrían quedado fuera al ser propuestas más minoritarias o más centradas en estilos aparentemente menos protagonistas. Así, ha sido posible igualar el jazz, el worldbeat o el metal, por ejemplo, a discos de rock-pop, todos con 40 referencias. En cierta manera, ha sido un poco como invertir el centrismo habitual al no haber hecho un cómputo numérico del 400 al 1, a la manera habitual, donde inevitablemente siempre se prima más el pop y el rock. De este modo, y visto el resultado, el estilo que ha salido más perjudicado ha sido precisamente el rock-pop, donde faltan artistas habituales que, de haberlo hecho de un modo habitual, habrían entrado por votos en una lista general. No están Sonic Youth o Mogwai, por ejemplo. Entre otros muchos. Solo entraban 40 en esa categoría.

En anteriores números de RDL ya se había revisitado este siglo XXI. En el 278 se hizo del 2000 al 2009 y en el 388 del 2010 al 2019. Si comparamos las listas de entonces con la de ahora (en la que hay contabilizar cinco años más de producción musical) prácticamente se mantienen los elegidos entonces en los primeros puestos. Si bien hay algunos casos excepcionales y llamativos que cambian de posición como el Kid A de Radiohead (ahora segundo en la lista de pop-rock y antes el dieciocho en la genérica), Third de Portishead (ahora primero en la de pop-rock y entonces noveno en la genérica), Sometimes I wish... de Bill Callahan (ahora tercero en folk-pop / roots y entonces el 55 en la genérica) o Merriweather Post Pavilion de Animal Collective (fue primero entonces en la lista genérica y ahora es octavo en la de pop-rock con cinco discos por delante que en su día estuvieron por detrás).

Las listas son un elemento revisable constantemente conforme pasa el tiempo. Los factores musicales, y sociales, y de tendencias van modificando la valoración que pueda hacerse de una obra. La importancia que pudo tener en su momento puede devaluarse con el paso del tiempo, o al revés: discos que pasaron desapercibidos pueden interpretarse de otro modo al haber sido influyentes conforme otros grupos posteriores los han asimilado. También se ha de decir que los colaboradores de Rockdelux van cambiando. Se mantiene un grupo fiel y clásico, pero también entran nuevas firmas que renuevan los puntos de vista. Es por eso que, aun siendo permanentes unas presencias más o menos habituales, entran nuevos valores o se modifica el orden prioritario de según qué discos.

Escribes en el texto sobre los mejores discos nacionales: "Faltarán discos y faltarán nombres, quizás, pero los que están nos parecen incuestionables". ¿Sería este el mejor resumen sobre lo que se va encontrar la gente en el Rockdelux 400?

Bueno, es inevitable pensar que si lo hemos hecho así es porque creemos que ha sido la mejor manera posible de hacerlo. Una vez acabado, podemos pensar que faltan discos que podrían haber estado, indudablemente, pero los que están son merecedores de aparecer en la lista. Es complejo llegar a la conclusión de que uno puede entrar y otro no. Discos del mismo artista, por ejemplo, a veces muy similares en calidad, en ocasiones los votos se decantan por uno, aunque sea ligeramente, y eso desequilibra esos posibles empates.

Independientemente de lo acuerdo que se esté o no con las listas, este es un ejemplar para guardar. Misma sensación que se tiene con todos los números publicados en esta segunda época o los diversos especiales que fueron apareciendo para celebrar aniversarios varios en la primera. E, incluso, con algunos de esa anterior etapa en los que se dedicaban varias páginas a artistas concretos cuando fallecían (Prince, David Bowie, Lou Reed, Leonard Cohen, Scott Walker, Aretha Franklin, The Fall / Mark E. Smith....). ¿Crees que, si hablamos de revistas de música, el soporte papel tiene actualmente más sentido si los contenidos son más atemporales y no tan ligados a la actualidad absoluta? ¿Explicaría eso el boom de los libros sobre música que estamos viviendo estos últimos años?

Lo de los libros sobre música es un expediente X difícil de entender. Jamás se habían publicado en España tantos libros sobre música, y mayormente buenos. Es algo sorprendente. Justificar tanta oferta es difícil de asimilar sabiendo lo que venden los libros en general en España. Para los entusiastas de la música es un regalo absoluto, pero me inquieta pensar en la viabilidad de las editoriales que sufragan tantos títulos, editoriales a las que aplaudo incondicionalmente por su esfuerzo y dedicación.

Por lo que respecta a nuestros números especiales, son, probablemente, muy diferentes en su especie a los que se hayan podido publicar en la historia de las publicaciones musicales en España. Creo que jamás se habían visto tomos de esa calidad en ninguna otra cabecera. Es una seña de identidad de Rockdelux. Comparar cualquiera de estos especiales de 200 páginas, o los que citas dedicados a artistas específicos, con otros especiales de otras cabeceras similares a Rockdelux es una muestra palpable de la diferente percepción que tenemos de afrontar el mundo editorial y, por supuesto, sobre todo, el mundo del periodismo. Pero eso quizá se valora poco hoy en día, cuando el contenido físico es poco apreciado, ya que estamos sometidos a la intangibilidad de lo digital, que es el barómetro que determina, consciente o inconscientemente, nuestros movimientos de aproximación a la información y a la cultura. Sacar un número en papel es una muestra de romántica resistencia que, en cualquier caso, tiene los días contados por lo limitado del público que lo apreciará. Nuestras nuevas costumbres sociales no incluyen acumular material físico de casi nada. Es así. Y lo sabemos. Pero perseveramos en esa idea contracorriente.