literatura de calle

 

Rocío Palomino (Papelillo Editorial). Foto: Silvia de la Rosa.

Rocío Palomino (Madrid, 1983) es la mano que mece Papelillo Editorial, una apuesta por el realismo sucio de verdad, sin imposturas ni filtros. Basta con que os asoméis a La carretera muerta, de Gabriel Oca Fidalgo (su reedición es su segunda referencia), para palpar su significado. La literatura del yo era esto. Relatos que cortan el aliento, escritos con la pausa del que no espera ningún reconocimiento y con la urgencia de la que podría ser su última frase. Seis historias sin tregua, con mucha droga, crudas, que parece que vayan a rasgarte (por dentro y por fuera) cuando pases la página.

Rocío se lanzó al mundo editorial sin ninguna experiencia, “hasta hace un par de años mis roles dentro de este mundillo era exclusivamente el de lectora (y bloguera)”. Indagando por sus gustos librescos, precisamente, empieza esta entrevista que respondió vía mail.

¿Tu primer recuerdo lector?

¿Ese libro que te hizo click y cambio tu manera de acercarte a la literatura, esa lectura que abrió ventanas y te señaló algún camino hacia donde dirigir futuras lecturas?

Pregunta difícil, porque hay muchas ventanas distintas en esto de la literatura… Pero viendo el resultado (el tipo de editorial que he terminado montando), podría decir que Yonqui, de William Burroughs.

¿Tu libro favorito?

Tan difícil como la anterior, muchos, cada uno por diferentes razones. Pero los libros que más veces he regalado a lo largo de mi vida han sido: Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, y Sed de champán, de Montero Glez.

Escritores/as de los/las que te declares fan.

Mazo. Alejandro Sawa, Baroja, Gracián. Montero Glez, Gómez Escribano, Julio Ramón Ribeyro, Irvine Welsh, Robert Walser, William Burroughs (e hijo ☹), Dostoievski…

Gata Cattana.

¿Cómo definirías Papelillo?

Editorial independiente, tradicional de este milenio, arreglá pero informal, que intenta sobrevivir al margen de modas, postureos u oportunismos. Refugio literario de escritores puros y de quienes les guste el realismo sucio.

¿Cómo surge la idea de montar la editorial?

Llevaba muchos años con ese sueño de poder publicar lo que yo quisiera (rescatar cosas difíciles de conseguir, apostar por gente que me flipa y quiero que tenga la oportunidad de que la lea más gente…). Y por otro lado, analizándolo en perspectiva, parece que me ha golpeao la crisis de los cuarenta ahí a lo bestia, y decidí invertir los ahorros de media vida en esto. En vez de comprarme un coche, pues monté una editorial (algo que, por lo visto, es una historia recurrente en este mundillo). Además, tengo la suerte de tener colegas que pilotan de diseño, ilustración, foto y esas movidas visuales, e intuía que podría liar a más de una para que me echasen una mano (prima), y así fue.

¿Hiciste algún tipo de máster o curso de edición o ha sido todo autodidacta?

Sí, como «curso de edición» propiamente dicho, hice uno de edición independiente en Cálamo & Cran (no un máster) que fue muy productivo, la verdad. Ahí mismo me había hecho tiempo atrás otro de corrección profesional, del que puedo decir lo mismo. Profes fetén. Y en la mochila llevaba ya formación sobre encuadernación tradicional y un grado de Biblioteconomía y Documentación (todo esto en la Complutense), conocimientos que también resultan muy prácticos para el oficio.

Luego, como bien suponías, están los cientos de horas de tutoriales y ayudas en línea que me he chupao a lo largo de mi vida, ja, ja, ja. I ♥ Internet (llevo navegando desde 1998).

¿Qué tiene que tener un libro para que te interese y lo disfrutes como lectora?

Tiene que conseguir despertar emociones y que —lo que sea que cuente— esté bien narrado. En cuanto al tipo de texto, siempre prefiero novelas o relatos, pero he disfrutado mucho igualmente con obras de teatro, artículos, poesía, ensayo o divulgación científica. Al final, creo que te puede llegar a interesar cualquier tema si cumple con lo que decía al principio. Por ponerte un ejemplo: a mí la música country me resbala muchísimo y, sin saber quiénes eran los Louvin Brothers, me pillé Satán es real (EsPop) por recomendación de un colega… y buah, me lo calcé del tirón y lo disfruté mazo. A priori era un tema que no me interesaba y mira tú.

Y al margen de esto, si no nos ceñimos solo al contenido y estamos hablando del libro en sí (como soporte), también tengo en cuenta otros factores. Disfruto y valoro mucho cuando un libro está bien editado (corregido, maquetado, impreso, encuadernado); el desinterés manifiesto me tira patrás (desde antes de dedicarme a esto). He dejado libros a medias, de editoriales consolidadas, por este asunto (a pesar de que el texto me estuviese molando). No hablo de algún fallo suelto, hablo de auténticos despropósitos.

Y lo último que tiene que tener un libro para que lo disfrute como lectora son hojas. Si me lo tengo que leer en digital, ya no es lo mismo.

¿Qué crees que aporta Papelillo al panorama editorial actual?

Literatura de calle de calidad, con autores de aquí. Libros publicados bajo una imagen y línea editorial muy definidas, de nicho, con temáticas lo más próximas al realismo sucio (no es un crimen), en ediciones lo más cuidadas posible.

Me hubiera gustado meter la palabra «frescura» en la respuesta, pero suena tan a cliché del que intentamos huir…

Cuando decidiste dar el paso, ¿ya tenías claro cuál sería la primera referencia?

No, pero sí que tenía unos cuantos candidatos. Dependía de qué pez picara primero.

Finalmente fue Pauline. Memorias de la madame de Clay Street, de Pauline Tabor. ¿Cómo descubriste el libro? ¿Fue fácil conseguir los derechos?

Lo descubrí gracias al blog sobre libros que tengo desde hace mil años. En una entrada que hablaba de Memorias de una madame americana, alguien recomendó Pauline («otro libro escrito por una madama un poco mas contemporánea gringa se llama la madama de clay street es lo unico que recuerdo» [sic]). Lo pillé por Iberlibro, y me flipó.

Acerca de los derechos, en este caso fue más fácil de lo que esperaba (cosa que con el tiempo he visto que no es lo normal, ja, ja, ja). En la biblioteca de la WKU tienen bastantes cosas de Pauline Tabor, y a través de Nancy (la bibliotecaria jefa de las colecciones especiales) empecé a tirar del hilo hasta dar con quienes gestionan los derechos en nombre de los herederos de Pauline. Se mostraron interesados en que lo tradujésemos y reeditásemos después de tantos años; todo fluyó a las mil maravillas.

La segunda es la reedición de La carretera muerta, de Gabriel Oca Hidalgo. ¿Cómo llegaste al autor y al libro?

También gracias a una recomendación, pero en este caso de una colega (Angélica) que siempre digo que es «mi hermana lectora separada al nacer» porque nos flipan los mismos títulos. Así que cuando me habló de él hace tres años, me pillé Una novela quinqui, que era el único libro de Oca Fidalgo fácil de conseguir, y me moló mazo, claro.

Tiempo después, al empezar a plantearme en serio lo de la editorial, hablé con Angélica de nuevo —que también es de León y conocía a Gabi— por si me podía poner en contacto con él. Hablamos algunas veces, me subí pa León a conocerle y desde ahí… fue todo rodado. Es un genio y se lo merece tó.

La tercera saldrá en septiembre, No soy Enrique Vila-Matas, de Montero Glez. ¿Qué supone incorporar a alguien como Glez al catálogo?

Como editora supone un privilegio, un honor, una inmensa alegría y, también, un gran reto. Montero Glez está en la lista de autores de los que me declaro fan, y eso lleva siendo así media vida. De (más) chavala le escribía un correo electrónico de vez en cuando (cada x tiempo, probablemente cada vez que me leía lo último que sacase), y siempre respondía. Hasta hace un par de años no coincidimos en persona (me llevé Pistola y cuchillo para que me lo firmara, como fan que soy) y le confié a bocajarro mis planes.

Es un autor que admiro y respeto mucho desde siempre, pero además apoyando (y confiando en) Papelillo ha demostrado una generosidad enorme, casi abrumadora para mí. Así que poder ejercer como editora y publicar un libro suyo es un sueño cumplido, y también una gran responsabilidad. Ya sabes: «un gran poder…».

¿Tienes alguna editorial como referencia para Papelillo?

Hace veinte años «me hice mayor» como lectora gracias a la colección Compactos de Anagrama. Me molaba mucho que fueran todos los libros físicamente tan parecidos, diferenciarlos a la legua, y que encima tuviese ahí todos los autores con los que flipaba en ese momento vital: Amis, Auster, Baricco, Bolaño, Bukowski, Burroughs, Escohotado, Fante, Gopegui, Pedro Juan Gutiérrez, Kerouac, Welsh… Supongo que ahí me quedé con la copla de la estética industrial.

Pero si nos acercamos al presente, hay editoriales como Dirty Works, Sajalín, Es Pop, Underwood, Autsaider cómics, Astiberri… que sigo –por sus líneas editoriales y el catálogo– que son un ejemplo perfecto de lo que me gustaría llegar a hacer. Producto cuidado, catálogo coherente y seleccionado que flipas, vamos.

Cuando estaba formándome de cara a montar la editorial y empecé a fijarme en esas otras cosas más allá de «fuá, es que la historia me flipa», me fui dando cuenta de qué es lo que quería hacer con mi editorial (seleccionar bien, cuidar al máximo los textos y cómo quedan plasmados, que la edición estuviese guapa, vamos: que se note el cariño puesto al cocinarlo) y qué no. Esas que he mencionado cumplen todo esto (hay más que también, pero es que como lectora soy afín a lo que publican y la cabra tira al monte). Así que son referente absoluto para mí.

¿Cuál ha sido hasta ahora la mayor dificultad en esta aventura editorial?

El rollo de encontrar distribuidora, eso fue una tortura que duró meses. Menudo mundo, colega, sumamente desconocido para el público general.

¿Y la mayor satisfacción?

Haber materializado un sueño (¡y que encima esté teniendo buena aceptación!).