proyectos que no haré (II): volver a El Saler



Cuando era pequeño, nuestros padres nos llevaban siempre (en el Seat 127 verde metalizado que fue repintado blanco años después, de la foto) a la pinada de El Saler. Una pelota, un columpio, una sombra, mi padre con sombrero, pantalón corto y zapatos, comer en una vajilla de plástico rojo. A la playa nunca, al menos yo. Decidí que tenía que localizar aquellos sitios exactos a partir de alguna fotografía que nos hicimos allí. Eso y mis apurados recuerdos era con lo único que contaba. Aspiraba a que una vez en el lugar se produjera la magia. Y, por supuesto, la idea era registrar (de manera visual y escrita) todo el proceso. No hice nada.