subir la montaña

 


Joan Toledo tenía cinco años cuando fue por primera vez a los Pirineos. Mayo de 1974. Una excursión con la familia a Canfranc (Huesca) y, en sus propias palabras, flipó. “Comencé a ir a la montaña con el Grupo VII Scout de Escolapios, de (la calle) Carniceros. Aún conservo amigos de allí y con alguno aún escalo”. Han pasado más de 40 años.




Subir la montaña es una afición (como muchas otras) que cuesta entender a quien no la practica(mos). Escribir, a veces, se hace para encontrar respuestas. ¿Por qué escalas? ¿Qué te proporciona, qué buscas, qué encuentras? Toledo enumera: “Superación, contacto con la naturaleza, concentración / desestresarse, amistad,...”. La escalada no arranca en la propia montaña, sino días antes. “Me gusta mucho la preparación. La disfruto muchísimo. Empieza todo en la Librería Patagonia del carrer de l'Hospital. Es mi santuario de cartografía y proyectos”.

A Toledo muchos lo recordarán como frontman de Las Máquinas o miembro de Truc, dos maravillosas (e imprescindibles) formaciones valencianas. Escenario y montaña pueden compartir sensaciones, adrenalina, euforia, aunque Joan escalar “más que con el escenario lo compararía con el mundo taurino. Tientas a la suerte. Hay que arrimarse. Cuando te estás equipando es como entrar en capilla ... con la gran diferencia moral que aquí, aunque te juegas la vida, no maltratas a nadie, a ningún animal. Es un acto de libertad suprema. Libertad, consciencia y responsabilidad”.




Ese riesgo que menciona lo ha vivido en primera persona, aunque prefiere hablar de susto y no de accidente grave. “A finales de agosto una piedra me rompió el morro en el Pedraforca (Catalunya), en una vía histórica, antigua, sencilla y larga, la Vía Homedes. Tuve suerte. Hay que asumir el riesgo. Esperem no morir”.