proyectos que no haré (I): Dover come to me


Dover. Foto: Carlos Carrión.

Un día no-sé-porqué me puse a pensar en el más de medio millón de copias que vendió Dover de su Devil Came to Me. Me preguntaba qué habría sido de todos esos discos. ¿Seguirían con quienes lo compraron? ¿Los escuchaban aún? ¿Morían de asco en la guantera del coche junto a la documentación y unas llaves de no se sabe donde? ¿Llevaban meses en el suelo, en la bajera de una estantería, sin que nadie se hubiera dado cuenta de que se habían caído? ¿Habrían sido abandonados, acabando incluso alguno en la basura o vendidos en wallapop? ¿Los seguiría pinchando algún dj? Es una cantidad demasiado grande para que su desaparición hubiera pasado desapercibida. Imaginar todos aquellos discos como una civilización propia me hipnotizaba. Me propuse contactar con gente que lo compró en su día para averiguar qué había pasado con sus copias. No hice nada. Eso sí, la idea me sigue fascinando.