la tortilla

 


Nunca hay que juzgar a las cosas por su apariencia. A las tortillas de patatas menos. Un chivatazo de mi amiga Ana me llevó a probar la de La Bodeguita (en Avellanes, 15) y hoy por hoy es mi favorita de la ciudad. Entera es muy grande, robusta, asusta al verla. Pero recordar lo que he dicho en la primera frase. Porque cuando llega dentro del bocadillo el tamaño gigantesco desaparece, se ha adecuado al (estupendo) pan, nada de esa moda angustiosa de los formatos XXL. Es jugosa (que no líquida), con mucho sabor a patata, sensaciones que acompañan al paladar incluso tiempo después de devorarla. Y cuatro apuntes más: el servicio es magnífico, no se puede pagar con tarjeta, el bar se suele llenar y si llegas avanzada la mañana corres riesgo de quedarte sin y sí, pesados, también la hay con cebolla (allá vosotros).