Irene Castelló es escritora, aunque puede que ella aún no lo sepa porque no ha publicado ningún libro. Basta con entrar en sus redes sociales para comprobarlo. O leer, a continuación, el mejor verano de su vida:
Me han pedido que escriba sobre mi mejor verano y me ha venido a la cabeza la letra de esa canción de Family llamada justamente “El bello verano” y que siempre suena en repeat con la llegada del buen tiempo.
"Tengo ganas de fiesta
de que acabe el invierno
de volver a nadar en el mar
de soñar un verano
en el que fuimos novios
y poderle cambiar el final"
de que acabe el invierno
de volver a nadar en el mar
de soñar un verano
en el que fuimos novios
y poderle cambiar el final"
Si la vida fuera siempre maravillosa e ideal, el mejor verano debería ser siempre o el último verano o el que está por llegar, pero pienso en el verano pasado que discutí con mi pareja y saltó todo por los aires y compruebo que no es así.
Escarbo un poco más en la memoria y me salen los veranos de mi infancia donde los siete de la familia nos metemos en el coche de mi padre rumbo al chalet donde estaremos hasta septiembre y las palabras mágicas son pedirse "ventana derecha no llevo a nadie", si te descuidas puedes acabar enmedio llevando encima al mediano de tus hermanos todo el camino.
Veranos de adolescente de vespinos y primeras discotecas donde el tiempo parece infinito o veranos de juventud de ir de festival en festival haciendo malabares con los estudios y el trabajo.
Todos ellos bien pueden tener el título de "el mejor verano" pero he decidido hablar del que de verdad recuerdo como mi mejor verano.
Veranos de adolescente de vespinos y primeras discotecas donde el tiempo parece infinito o veranos de juventud de ir de festival en festival haciendo malabares con los estudios y el trabajo.
Todos ellos bien pueden tener el título de "el mejor verano" pero he decidido hablar del que de verdad recuerdo como mi mejor verano.
Año 2016 rumbo a Menorca.
Primera vez que los niños iban en avión.
Emoción máxima y miedo a partes iguales. Sus caras mirando por la ventanilla del avión son un poema.
Al aterrizar preguntan si estamos donde antes.
Como si el avión hubiera despegado, dado unas vueltas por el aire y vuelto a aterrizar en el mismo lugar.
Una vez allí uno se marea y vomita en cada trayecto de coche y la otra pregunta que por qué todos los días vamos a la playa.
Podemos ir cada día a una cala paradisíaca, andar entre montañas y parajes maravillosos que cuando llegamos siempre dicen protestando:
"¿Otra vez playa?"
Al menos todavía no existe el tiktok ni dicen mami bro ni en plan.
Somos afortunadas por eso, pero todavía no lo sabemos.
Yo me paso los días inquieta y preocupada por mi padre que cada vez está más enfermo.
Son días de escarpines, flotadores de colores, de saltar al agua desde las rocas más altas, de pareos y gafas de bucear y también es el penúltimo verano de los cuatro juntos, antes de que llegaran los veranos de quincenas alternas, pero eso tampoco lo sabemos todavía.
Al acabar el verano todos los nietos graban un video a mi padre para felicitarle por su santo que es el 1 de septiembre.
Primera vez que los niños iban en avión.
Emoción máxima y miedo a partes iguales. Sus caras mirando por la ventanilla del avión son un poema.
Al aterrizar preguntan si estamos donde antes.
Como si el avión hubiera despegado, dado unas vueltas por el aire y vuelto a aterrizar en el mismo lugar.
Una vez allí uno se marea y vomita en cada trayecto de coche y la otra pregunta que por qué todos los días vamos a la playa.
Podemos ir cada día a una cala paradisíaca, andar entre montañas y parajes maravillosos que cuando llegamos siempre dicen protestando:
"¿Otra vez playa?"
Al menos todavía no existe el tiktok ni dicen mami bro ni en plan.
Somos afortunadas por eso, pero todavía no lo sabemos.
Yo me paso los días inquieta y preocupada por mi padre que cada vez está más enfermo.
Son días de escarpines, flotadores de colores, de saltar al agua desde las rocas más altas, de pareos y gafas de bucear y también es el penúltimo verano de los cuatro juntos, antes de que llegaran los veranos de quincenas alternas, pero eso tampoco lo sabemos todavía.
Al acabar el verano todos los nietos graban un video a mi padre para felicitarle por su santo que es el 1 de septiembre.
Mi padre murió doce días después y el verano del 2016 se convirtió en el último verano feliz en que no faltaba nadie,
Ese verano en el que me hubiera gustado subir al avión, dar unas cuantas vueltas y aterrizar en el mismo lugar y como dice Family en su canción:
... poderle cambiar el final.
