lo de los libros


Sigo comprando libros, aunque tengo lecturas pendientes para varias vidas. Lo hago sin ningún tipo de remordimiento ni culpa. Librerías físicas, virtuales, de segunda mano, rastros, mercadillos, tiendas vintage, negocios que no sabría explicar qué son… siempre hay un ejemplar esperando.

Hay temáticas que crecen esplendorosas en mi biblioteca: València, cine español, música, periodismo, humor, fotografía, el universo bar, siglo XX en España, libros sobre libros… Nombres propios que se hacen su hueco: Rafael Azcona, Dolores Medio, Carranque de Ríos, Luisa Carnés, Pérez Andújar… Y, por si fuera poco, el destino me provoca con nuevas necesidades que no tenía. Por ejemplo, las recientes ediciones de Arsénico por compasión, de Joseph Kesselring (en Hoja de Lata) o El buscavidas, de Walter Devis (en Impedimenta), me hacen ojitos para que las compre e inaugure estantería con historias que se convirtieron en grandes pelis.

Si hiciera un excel con mis gastos (antes tendría que saber hacer un excel), los libros ocuparían el primer puesto destacados. Son lo que siempre pido en temporada de regalos (cumpleaños, Reyes, aniversarios…), incluso el cheque-comercio me lo fundo en ellos. No necesito ningún artículo de prensa que reflexione sobre el asunto. Puri Mascarell (a la que podéis leer aquí) me dijo una vez que igual que hay gente que guarda vinos en su bodega para bebérselos algún día, nosotros atesoramos libros. Y con eso me basta.