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| Ada Diez y Doc Holiday. Foto: Lu Sanz. |
La primera vez que vi a mi querido perro fue hace casi 8 años, acababa de mudarme a mi actual casa, y lo último que me esperaba era que Doc Holiday formara parte de mi familia. Desde pequeña siempre me han encantado los animales, los libros ilustrados sobre ellos formaban parte de mi día a día, no podía parar de mirarlos, pero esa fascinación superó todas las escalas, cuando un día de forma casual, acudí a ayudar a una amiga con un cachorro que tenía en acogida. Mi pareja, que siempre había estado acompañada de un peludo en las distintas etapas de su vida, desde el minuto uno había querido que visitáramos la protectora, casi no habíamos terminado de amueblar la casa, pero lo imprescindible para ella era tener compañía de cuatro patas. Mi espíritu calmado, de no precipitarme había puesto pausa a esa aventura, quién me iba a decir que lo único que necesitaba para cambiar de opinión eran unos segundos en casa de mi amiga, para asegurarme de que el pequeño perro no molestara al obrero, unos segundos donde el can de apenas dos meses tuvo claro su objetivo, tuvo claro a quien debía convencer con sus pequeñas armas de seducción. Unos segundos, donde visto y no visto, se hizo bola en mis pies y sus tiernos ojos oscuros, llenos de matices, me enamoraron.
